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La fantasía de Buraco

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Es muy difícil reseñar una obra literaria de la cual ya está casi todo dicho. Los periódicos de Galicia (España) –donde la escritora reside-se han regado en elogios. Por qué quiero expresar palabras sobre la obra literaria de esta novelista?

El motivo que me anima es el de que ella sea reconocida -todos escribimos para que nos reconozcan- por sus paisanos tumaqueños y connacionales, y que sepan que sobre su delicado cuerpo lleva a sus espaldas la edición de tres novelas fantásticas editadas en España.

Los consejos que le dan a un escritor en cierne son los de escuchar, leer, y luego escribir en su estricto orden. Yo no me voy a apartar de esta regla, y más bien dispongamos los oídos para escuchar esta entrevista -entre fantasía y realidad- que le hizo un periodista  a Stella Estrada sobre el contenido de su obra literaria.

Manifiesta el periodista: “Buraco, el pueblo de la autora, es una pequeña isla del pacifico colombiano. No es difícil imaginarla a ella, Stella, niña en Buraco: una niña un poco aparte, un poco especial: ella siente que vino algún día por ese mar, y su pie descalzo sobre las arenas negras percibe el latido oscuro del tan-tan. Ese ritmo vital que habría de acompañarla siempre, como lo hizo con los miembros de su estirpe para los que no se apagó ni siquiera cuando fueron secuestrados a sangre y fuego, acarreados a muerte y látigo en envilecidas naves. Y aun así ellos guardaron el tan-tan y con él las palabras, una cierta manera de contar las cosas, los ritos, los ritmos más profundos que los redimirían del olvido, y que, viajando con ellos en el vientre de la ignominia, empezaron a aflorar ya en las sórdidas bodegas y en los lugares remotos de destierro; y allí renacieron al entrecruzarse con las palabras y la música de las víctimas locales y hasta con las de los propios verdugos. Y así en las más elegante y sutil de las venganzas, devolvieron todas las afrentas en forma de palabras, de poesía, de ritmo y de música: puede ser una manera de contar, el rescate de palabras olvidadas por los propios victimarios en su locura de conquistadores, sonidos e instrumentos musicales surgidos para cantar un  antiguo dolor, una renovada esperanza que acabaría por ser la música más universal, de misterioso nombre: el Jazz”.

 

Responde la novelista: “Imagine el mar Pacífico introduciendo sus perezosas aguas en los recodos de una isla. La arena negra salpicada de cristales blancos tan endebles, que se adhieren a la piel de  quien las contempla con la misma candidez con que el mar lleva y devuelve lo robado. Su nombre, Buraco.

Buraco es..., ¿cómo definirla? Es una mujer. Una isla mujer. ¿Ha pensado usted, alguna vez, que existe una isla con sexo definido? Seguro que sí. La fuerza creadora viene de la imaginación del pueblo. Esto lo dijo un sabio profesor del también sabio Gabriel García Márquez.

Entonces, recurramos a la imaginación para imaginar que va usted sobrevolando desde lo alto de un pequeño avión, el caparazón de un recóndito lugar situado en el Pacífico sur. Y, efectivamente, verá brotar del mar un montículo de tierra al que sólo le permite alejarse dos metros sobre su nivel. Ni más ni menos. Una vez que el caparazón está abierto, verá partir a Carlota, a Virgilio, Chila, Lorenzo, Aura, que no pertenecen a la gente usté de su pueblo, pero que decidieron ir en busca de su particular renacer”.

Continúa la novelista: “Y como tinterillo renació, también, el protagonista de mi primera novela  <<El doctor sin letra>>:“Palabra que  en el argot buraqueño es  aquella persona que, sin tener estudios, tiene  talento natural para defenderse y defender a los demás ante la justicia. Sus servicios eran requeridos por personas no menos ignorantes del propio pueblo y de los circundantes. Así que si usted necesitaba hacer la declaración de la renta, el doctor sin letra era la solución; que si tenía un problema con un vecino que no quería pagarle una deuda, le presentaba la demanda; si necesitaba dirigir una carta de amor a su novia, usted sólo dictaba que él escribía; que si le cortaban la energía por falta de pago, también de esto se encargaba. Todo lo que usted pueda imaginarse que ocurra en un lejano pueblo bañado por aguas del mar Pacífico, donde conviven mestizos, indios, negros y mulatos, donde los terremotos constantemente regalan con su presencia unos metros de tierra al mar, donde puede encontrar apodos como “mujeres blancas”, “bailembote”, “cacha gallinas”, “patepalo”, “chuchaciega”, y donde aparecen pasquines al día siguiente de la pelea entre dos curas españoles, con el espanto de la gente, aquí tenemos a un doctor que soluciona nuestras pequeñas batallas ante la burocracia en la que duerme la paz del pueblo”.

 

Dice la escritora: “Estos fragmentos  que acabo de leerles  pertenecen a mis novelas: <<Írimo>> y a  <<El doctor sin letra>>. Las dos se desarrollan en Buraco,  al que yo llamo <<la isla del encanto>>, porque todo lo acontecido allí parece el reflejo de la ensoñación de unos personajes que tienen la necesidad de realizar su propia emigración, ya sea dentro de sí mismos o saliendo de su entorno natural. Las dos son, también, el reflejo del pueblo donde nací, pero el lector puede encontrar los mismos sentires en cualquier parte donde las injusticias siguen siendo la asignatura pendiente, no ya de los gobernantes de quienes en estos casos se espera poco, sino, de sus habitantes que dejan a la esperanza en manos de Dios y a Dios en manos del azar.  La novela <<El doctor sin letra>>  procura ser el reflejo fiel de un pueblo que se representa en la tertulia en la que participa el protagonista y sus tres amigos. A través de estos  hombres se vislumbra, también, la vida sometida a mil contradicciones e injusticias seculares, haciendo su propia emigración, no por contraste con la sociedad sino como protección ante los “perturbadores de su armonía”. Por lo que no tengo  necesidad de buscar otro lugar para manifestar la ilusión, la fuerza de la gente sencilla en busca de un porvenir más amable.

El doctor sin letra, tinterillo de talento natural, exquisita y elegante corrección y bien hechor de los necesitados  junto al entusiasta Lico Bikó, joven, noble e idealista perseguidor de causas perdidas. Y que al final, pierde la esperanza en el hombre y se refugia en los Comics. Porque, a través de ellos y sus historias inventadas por otros hombres, no deja  perder la utopía de un mundo más amable. Lo que significa que aún perdiendo la fe o la confianza en sí mismo, no lo hace en la idea de que el hombre es el centro  de su propio universo”.

 

“En cuanto a la segunda novela, su título<< Írimo>>, es una degradación de Írime y ésta, a su vez, es otra corrupción acriollada de la voz Efik,  Ídem  (máscara) y de otros  vocablos bantús fonética y semánticamente próximos que significan lo mismo; seguramente por “evocación  filiativa africana”. Los mitos  que introduzco en las dos novelas están basados en mi creencia de que la mitología es al hombre lo que el hombre es así mismo, un mito; y en ello sustenta su propia existencia: creando y preservando leyendas que determinarán su propio origen.

El protagonista, Virgilio, es un conductor de autobús, al que llama <<el carro de la ilusión>>. Dos chicas, Carlota y Chila, se suben a él. Las dos con el mismo destino, la huída. Pero con distinto final”.

“Estos son los personajes que surgen de cualquier pueblo de Colombia, mi país de origen, al que dejé atrás con la sensación de haber nacido en el país equivocado. Pero, como dije antes, también lo es de cualquier rincón donde  la palabra justicia aún tiene significado. Y como todo narrador  que pretende crear un mundo, a veces, de fantasías, aunque siempre con un nexo de unión con la realidad, éste, es para mí, el enigma que todo escritor tiene al comenzar, y pensar una novela. Ya que no se trataba de hablar de lo que ocurre allí, en mi pueblo, en mi entorno. Se trataba de resucitar, recuperar, reivindicar, ese otro pueblo que habita entre un puñado de blancos que representa la oligarquía, junto a mestizos, indios, mulatos y negros,

 

Termina la entrevista la novelista manifestando: “La tercer novela <<Nadie muere la víspera>> se origina a partir de un hecho real ocurrido en la España del General Franco. Surge esta historia ambientada en la Galicia de la época, y en la visita de, en ese momento, el Presidente de Liberia –William S.V. Tubman-.La importancia de la visita a  un país aislado internacionalmente y la cobertura dada por los medios de comunicación, crea la oportunidad para un joven anarquista que desea obstinadamente la muerte del dictador”.

 

Después de escuchar y leer esta entrevista, podemos concluir que así como Gabriel García Márquez creó en su mente mágica el pueblo de Macondo, nuestra novelista tumaqueña ideó en su fantasía el pueblo de Buraco. Al final me atrevo a transcribir el comentario del poeta Moro Manzi:”! Stella Estrada es ya una voz  reconocida” ¡

 

Oscar Seidel

Cali, Junio 24 del 2016