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El coraje de un hombre

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Leonor Fernández Riva

En el inventario aún no completado –o quizás por realizar– de los muchos hombres y mujeres foráneos que han contribuido a forjar con su simiente visceral y profesional a nuestra Cali emprendedora, bullanguera y creativa de siempre, un capítulo especial: el de los editores e impresores de libros, lo ocupan el inmigrante cubano José Fernández Morgado y su esposa peruana Antonieta Riva de Fernández.

Don José, o “Morgado” a secas, como lo trataban quienes tuvieron la fortuna de conocerlo a distancia reverente o muy de cerca en el día a día de su imprenta, fue uno de esos trotamundos insulares, que un buen o mal día, deciden quemar sus naves nativas y emprender el rumbo de la incertidumbre dispuestos a valerse como tiene que ser: apenas con su saber y su hacer, y una infinita dosis de tenacidad para modelar o cosechar los frutos de la satisfacción propia y la de quienes atinen a estar cerca suyo.

Por eso, según lo relata su hija Leonor Fernández Riva (hoy gerente general de Impresora FERIVA) en El coraje de un hombre: José Fernández Morgado, la biografía que le ha escrito con el esmero y la admiración solo dable en su descendiente más comprometida con la causa paterna y quien además le acompañó junto a sus hermanos en la consolidación de su gesta, Don José o “Morgado” encarna al auténtico héroe de nuestro tiempo: el emprendedor de utopías posibles que utilizan sus conocimientos y su experiencia para generar productos y servicios que de verdad favorecen a la sociedad en la que residen. Fue así como se dedicó a cultivar con intensidad aquel espíritu creador que entraña el seguimiento riguroso de la palabra escrita, y tras abandonar su isla matria, con su linotipo y su experiencia como editor de periódicos a cuestas, llegó en los años treinta a Cartagena de Indias (El Universal), pasó por Bogotá (El Tiempo) y Cali (Diario del Pacífico) rumbo hacia Lima (El Comercio) donde conoció y esposó a su amada, hasta regresar de nuevo a Cali (La Voz Católica y Relator) y fundar ante todo una familia, irla criando, volver brevemente a Popayán (El Liberal), y sembrarse ahora sí para siempre en Cali, ciudad cuyo clima y extroversión de sus gentes no dejaban de recordarle a su inolvidable y jacarandosa Cuba.

Por Luis Alberto Díaz Martínez*